martes, agosto 28, 2012

Katharine Kai Allen:Nota que escribió recientemente para periódico MICROPOLITICAS


Cuerpo Visible, Órganos Invisibles: micropolítica y el movimiento LGBTTTI
Katharine Kai Allen, Rosario
Lo primero que se vio fue la ausencia. Ausencia arriba del escenario, bajo las luces enrojecidas y la ausencia entre los pliegues de las banderas del Día del Orgullo LGBTTTI, esta sigla de almíbar, letras gelatinosas donde tod*s caben, donde tod*s son nombrad*s, atrapad*s. Las lentejuelas quedaron colgadas en las casas ajenas anhelando a su amante, la omnipotente luz del foco, y el glamour del transformismo, el que había acariciado con sus plumas y tacones ese día, el 28 de junio, a lo largo de su celebración rosarina desde 10 años atrás, estuvo ausente. Según los referentes del Grupo de Jóvenes de Vox, los organizadores del acto para el Día del Orgullo, la decisión de remplazar los actos de transformismo por homenajes a activistas y muestras musicales presentadas por artistas que también forman parte del colectivo militante, articulaba un deseo de pluralizar y politizar el perfil del colectivo LGBTTTI, vislumbrando una imagen desde las entrañas del movimiento, poniendo en primer plano las voces de l*s múltiples protagonistas del activismo.
El cuerpo visible de la sigla es la voz que suena desde la boca de las macro-organizaciones, una boca que se define, según referentes de la Comunidad Trans, Putos Peronistas, el Grupo de Jóvenes y otras agrupaciones rosarinas, en muchos sentidos, en un lenguaje que sale desconocido. Es un cuerpo idéntico a su propio cuerpo, cuerpo que universaliza las demandas, funciones, deseos de l*s  sujet*s que militan, las prácticas políticas y los dinámicos de la militancia misma, produciendo una imagen estática, un hallazgo cuya piel es percibida unilateralmente desde afuera, en las cortes, en los teatros, en los medios, en las calles. Pero debajo de esta piel del movimiento LGBTTTI, laten los órganos que a la vez constatan y revelan en contra del cuerpo, estos órganos que encarnan demandas plurales, actores que articulan entre sí, sembrando dinámicas de interacción y colaboración desde una lógica, como diría Deleuze y Guattari, de multiplicidad, más allá de las etiquetas identitarias mientras se reivindican la identidad. Las políticas, o mejor dicho, micropolíticas floreciendo desde adentro de las cavidades carnosas del movimiento LGBTTTI son las que se configuran en los zanjones de la sigla, que se trenzan entre sujet*s y agrupaciones, enramando lazos horizontales que pretenden una capacidad de entretejer las hebras de clase económica, realidad social, necesidad política, y deseo. El acto del 28 de junio de 2012, se halló a través del anhelo de externalizar esta ‘interioridad’ invisible, del deseo de cantar, homenajear, proclamar, y bailar desde los órganos baja la plena luz del foco, invitando al público a penetrar el cuerpo del movimiento, dejando la piel colgada en la puerta del teatro.
¿Y por qué el anhelo de vislumbrarse, de pluralizar y politizar la imagen del movimiento LGBTTTI? ¿Por qué ahora, en la época de las Leyes de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género, en la supuesta etapa, como destacó Ilse Fuskova, activista lésbica-feminista, en su charla del 14 de julio, de “libertad increíble, a través de la cual cada persona se puede desarrollar como quiera”? Entre la pregunta y la respuesta nos encontramos con los órganos de otros cuerpos, cuerpos que hablaron en una lengua nativa desconociendo los nexos de su interioridad. Desde afuera del cuerpo del movimiento LGBTTTI estadounidense, encontramos reliquias para contemplar la micropolítica del movimiento argentino de la diversidad sexual.
El Día Internacional del Orgullo LGBTTTI se celebra internacionalmente en conmemoración de la insurrección ocurrida en 1969 en el bar Stonewall Inn de Greenwich Village, uno de los barrios más, en este entonces, marginales de Nueva York, cuando un grupo de travestis, lesbianas butch, drag queens y jóvenes ‘afeminados’ de distintas clases sociales se revelaron ante la violencia policial. A partir del valor simbólico, la resistencia de Stonewall marcó  la primera vez que el colectivo LGBTTTI se articuló como una fuerza política y disidente, que se movilizó, un cuerpo totalizado y a la vez incapaz de totalizar sus mil brazos, mil piernas, mil pieles, un cuerpo que empezaría a estirar sus miembros como un ente diverso, horizontal, multifacético, metiendo sus dedos en los tornillos de las máquinas productoras de políticas y subjetividades.

La fuerza política, podemos decir, del movimiento LGBTTTI estadounidense se manifestó en la revuelta de Stonewall a través de una encarnación de la lógica de multiplicidad de Deleuze, una lógica por la cual no se entiende como ‘muchos de lo Uno’. Tampoco se entiende como el rechazo de identidades y totalizaciones, sino aquello que escapa a dualismos y binarismos, aquella totalización que no subsuma las partes, que nos tienta a contemplar las totalizaciones al lado de las partes, cuerpos al lado de los órganos.

Este hallazgo de la multiplicidad en la erupción del movimiento LGBTTTI estadounidense, aquella noche húmeda y traspirada en Greenwich Village, se fue disolviendo en los años ’80. Según el sociólogo español Javier Sáez, su disolución fue por razones fundamentadas en el establecimiento de los ‘guetos’ de la diversidad sexual y la cultivación del ‘mercado rosa’, estos mecanismos del capitalismo que configura el sujet* unilateral de la ‘comunidad’ LGBTTTI, que le contextualiza como micro-máquina consumadora. Así se produce el cuerpo visible del movimiento, un cuerpo de deseo universalizado cuya satisfacción se encuentra en las rebajas de los ‘shopping gay’ o en los departamentos loft encontrados en los sectores carísimos ‘de ambiente’; West Hollywood en Los Ángeles, el Castro en San Francisco y el mismo Greenwich Village en Nueva York. Los órganos fueron tragados por el cuerpo-movimiento, las partes constituidas fueron totalizadas y la única boca que habla desde aquel cuerpo, lo hace en un idioma idéntico a sí mismo, donde la fuerza micropolítica esterilizada yace en un vientre invadido por el silencio.

En la sociedad argentina pos Ley de Matrimonio, una unilateralización del movimiento LGBTTTI ha empezado a articularse a través de un enfoque político que favorece la producción del sujeto de individualismo, un cuerpo idéntico al cuerpo del movimiento al nivel molar, como subraya Guattari con Suely Rolnick en su libro Micropolítica: Cartografías del deseo. Este cuerpo individual es incapaz de hablar por los dinámicos de su subjetividad, por los órganos múltiples, es inconsciente de la producción orgánica en sus entrañas. Pero por mientras, este cuerpo, esta imagen unilateral es el que habla. Es el que será escuchado, entonces. Su voz, en nuestra época de los derechos civiles y, según Fuskova, de la “libertad increíble”, ha enfocado su habla, con grandes éxitos, en pronunciar un devenir-movimiento LGBTTTI argentina que, en varias instancias, podemos relacionar a la mercantilización y universalización de subjetividad del colectivo en los Estados Unidos en los años ’80. El cuerpo-movimiento LGBTTTI, mientras se va convirtiendo en un cuerpo individual, es cada vez menos capaz de articular comprehensivamente las múltiples necesidades y deseos de los órganos-sujetos que le inhabitan. En los últimos cuatro meses, varios ejemplos desde las esferas políticas y sociales se hallaron este devenir.

Mientras se plasmaron en las pantallas mediáticas imágenes del matrimonio de Sergio López y Simón Cazal, la primera pareja que viajó desde Paraguay para aprovechar de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario Internacional en la ciudad de Rosario en abril, 2012, Michelle Mendoza, activista de la Comunidad Trans, fue violentada por un intento de incendiar su casa. El caso se encontró con poca atención desde los medios y escaso compromiso institucional desde las organizaciones ‘oficiales’ y las ONG. Mientras demora el proyecto de ley presentado por el diputado provincial Leo Busatto el 17 de junio, 2012 el cual establecería que por lo menos el uno por ciento de los puestos de trabajo en la administración pública serían designado para las personas trans, l*s mujeres trans y travestis de la comunidad en conjunto a sus aliad*s siguen reclamando sus derechos a una vivienda digna y al tratamiento decente en el sistema de salud. Mientras se contempla las aprobación de las “Líneas Diversa,” un sector de Aerolíneas Argentinas que se convertiría en un modo de transporte gay friendly para la clase alta al nivel internacional, los hombres trans reciben las hormonas atrasadas desde Buenos Aires, cada uno recibiendo la misma dosis, sin importar su peso, edad y fase de hormonización. Además, la falta de experiencia clínica y capacitación en el sistema de salud con respecto a la hormonización masculina resulta en prácticas equivocadas en la aplicación de las inyecciones, causando encapsulaciones e infecciones.

En la producción en primer plano de un cuerpo-movimiento a través de la individualización y la mercantilización, la lógica de la multiplicidad se va convirtiendo en la lógica del binario, un dinámico que mide desde la lógica totalizadora de Uno a través de la cual el cuerpo tapa su ojo frente a la contundencia lumpen e insaciable de las partes, tragándoles, masticándoles. Haciendo de las partes sus partes.

Sin embargo, esta concentración imaginaria y productiva del movimiento LGBTTTI, esta universalización hablada y hablante de deseos y necesidades al nivel molar, es la que paralelamente  le desenrolla, la que simultáneamente configura las líneas de fuga y puntos de resistencia posibles al nivel molecular. En estos meses, a través de aplicar una lógica de la multiplicidad, de formular y fortalecer vínculos horizontales y de optar por utilizar las técnicas de la visibilidad (escraches, expresión artística/corporal, clases publicas sobre la educación sexual, y radios abiertas, entre otras), varias de las agrupaciones ‘del’ movimiento (Putos Peronistas, Comunidad Trans, Movimiento Evita Frente para la Diversidad, Las Safinas y el Grupo de Jóvenes) en conjunto han empezado a corrugar los tejidos del cuerpo-movimiento, pluralizándolo, fragmentándolo, uniéndolo.

Las lógicas colectivas de las agrupaciones ‘no oficiales’ del movimiento LGBTTTI, (es decir las que no se figuran como ONG o asociaciones civiles), a través de operar en multiplicidad toman formas rizomáticas y establecen redes que multiplican acciones colectivas, por fuera de los paradigmas de la representación, donde multiplican pero nunca se repiten; mutan constantemente en redes moleculares en formas organizativas que resisten delegaciones, jerarquías y liderazgos fijos. Se visibilizan desde la esfera pública, construyéndose bocas, piernas, pieles y brazos bajo la luz del foco en el teatro La Comedia y la luz del día en la plaza Sarmiento. Desde la micropolítica, los órganos hablan con el cuerpo, al lado del cuerpo, aparte y a partir del cuerpo. 

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